Mujeres jóvenes participando en un taller de autodefensa y prevención de la violencia de género de ONG Rescate en Bar Elias, Líbano.
Autodefensa y prevención de la violencia de género para mujeres jóvenes en Bar Elias (Líbano)
agosto 20, 2026

RETORNO A SIRIA ¿UN RETORNO SEGURO?

 

 

Francisco Fuentes, Responsable de Cooperación Internacional de ONG Rescate

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR), contabiliza año a año el número de personas que han tenido que dejar su hogar de manera forzosa en todo el mundo. La última cifra disponible, que es la de 2025, deja el número en 117.830.232 personas. Esto significa que 1 de cada 70 personas en el mundo ha tenido que dejar su hogar en busca de un lugar más seguro.

 

Desde el 2011, año en que comienzan las llamadas Primaveras Árabes, que fueron aquellos movimientos ciudadanos que buscaban una mayor participación y el cumplimiento de sus derechos humanos, esta cifra no ha dejado de crecer. Me permito corregirme. La cifra sí ha bajado en una ocasión, y esa ocasión es precisamente en el año 2025. En 2024, el pico máximo jamás alcanzado desde que se llevan datos, fue de 123.251.473 personas refugiadas, desplazadas internas, solicitantes de asilo, o apátridas. Es decir, que tuvieron que dejar sus hogares. ¿A qué se debe esta diferencia de más de 5 millones? ¿Es que el mundo se está convirtiendo en un mejor lugar? ¿Se han estado reduciendo los conflictos?

 

No necesariamente. De hecho, la principal explicación es el aumento de retornos de personas desplazadas a sus lugares de origen, que han ocurrido principalmente en grandes crisis, como Siria, Afganistán, Sudán, y República Democrática del Congo. Ninguna de ellas con las garantías mínimas necesarias que aseguren un retorno seguro y permitan un cumplimiento de los derechos humanos de las personas afectadas. Muchas de estas personas pueden estar regresando a su lugar de origen, aunque las condiciones sigan siendo adversas, pero lo hacen por:

 

  • Mejora relativa de la seguridad (percepción de que se corre menos peligro que durante fases más intensas del conflicto)
  • Imposibilidad de mantenerse en el lugar de acogida (falta de empleo, vivienda, falta de acceso a servicios como salud y educación, etc…)
  • Deportaciones o retornos no voluntarios
  • Reunificar a la familia, volver a la vivienda, etc…
  • Considerar en general que la situación en el lugar de origen es mejor, aún y considerando sus riesgos

 

Por lo tanto, “retorno” no significa “solución duradera”.

 

De las 4 grandes crisis mencionadas arriba, Siria es la que ocupa el primer lugar con mayor número de personas retornadas (ya sea de otros países u otras localidades dentro de Siria). El principal motivo se debe al cambio de gobierno que ocurrió desde diciembre de 2024 a causa de la caída del anterior régimen liderado por Bashar al-Assad. Solo durante el 2025, más de 3 millones de personas sirias han regresado a sus hogares.

 

Pero a donde vuelven no es lo que era. ONG Rescate, que trabaja en Siria con una delegación propia desde 2015, constata que el desplazamiento transforma no solo a la persona si no también a lo que llamaba “hogar”. Las personas cuando regresan llegan a barrios que ya no reconocen, a vecinos que les resultan extraños. El final del desplazamiento puede ser el inicio de otro nuevo desarraigo. Regresan a su lugar de origen, pero no a lo que recordaban como su “hogar”. Ya no está ese vínculo con la comunidad.

 

Ese nuevo desarraigo se suma a las necesidades humanitarias que pueden seguir existiendo. Por lo general, estas personas retornadas de Siria regresan a sus lugares de origen para descubrir que quizás sus viviendas y barrios enteros están reducidos a escombros; donde hay una falta de servicios como agua, luz, salud, educación; donde faltan oportunidades de acceso al empleo, a alimentos y otras necesidades básicas; y donde incluso la cuestión de seguridad no es todavía la más deseable. Incluso, estos retornos pueden estar generando involuntariamente tensiones en las comunidades, ya que cada vez hay más gente requiriendo un número limitado de recursos y oportunidades.

 

Estas situaciones se pueden ver reflejadas en las cifras de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA). En 2024, antes de los retornos masivos en Siria, OCHA estimó que había 16,7 millones de personas dentro de Siria que requerían de ayuda humanitaria. En 2025, y después del retorno de 3,2 millones de personas a sus hogares (ya sea de otros países o localidades de Siria), las necesidades humanitarias dentro del país se mantuvieron en 16,5 millones de personas. Es decir, hubo una mejoría, pero muy leve; e ínfima si la comparamos con el número de personas retornadas a sus hogares. Esto deja de manifiesto que retornar no significa volver a una vida normal, o haber encontrado una solución.

 

Ahora más que nunca es muy importante trabajar en la cohesión social de las comunidades sirias. Es muy importante que todos los proyectos de acción humanitaria y desarrollo provengan de las personas beneficiarias mismas, porque ellas mejor que nadie conocen las necesidades del lugar. Y, sobre todo, es muy importante que, durante la identificación de las necesidades, la ejecución de los proyectos, y en el impacto de los mismos, haya una participación real de la población retornada, la que todavía se encuentra desplazada, y la de acogida. Mientras no se trabaje con estos 3 grupos a la vez y exista un impacto positivo en estos 3 grupos, no se conseguirá poner las bases para una paz duradera en un país afectado por un conflicto armado que lleva más de 13 años.

 

Publicado el: agosto 24, 2026

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