No es un ruido cualquiera. Es una orden.
Interrumpe una clase, detiene un partido de fĆŗtbol, vacĆa un parque infantil o despierta de madrugada a una familia que apenas habĆa conseguido conciliar el sueƱo. En cuestión de segundos, todo queda suspendido. Los juguetes permanecen en el suelo, los cuadernos abiertos sobre las mesas y las conversaciones se cortan para descender, una vez mĆ”s, hacia un refugio.
Con el paso del tiempo ocurre algo todavĆa mĆ”s inquietante. La excepción deja de ser excepcional. El miedo deja de sorprender. La infancia aprende a convivir con aquello con lo que nunca deberĆa familiarizarse.
Ese es uno de los daños mÔs profundos que provoca una guerra prolongada. Cuando el peligro pasa a formar parte de la rutina, también puede cambiar la manera en que un niño comprende el mundo. La amenaza deja de estar únicamente fuera y comienza a instalarse en su forma de dormir, jugar, aprender y relacionarse con los demÔs.
UNICEF advierte de que la guerra ha provocado una profunda crisis de salud mental, especialmente entre niños, adolescentes y personas cuidadoras. Su anÔlisis sobre la situación de la infancia en Ucrania en 2024 estimó que alrededor de 1,5 millones de niños y niñas se encontraban en riesgo de sufrir depresión, ansiedad y otros problemas de salud mental.
Cuando el miedo se convierte en rutina
Ante una sirena o una explosión, el organismo activa una respuesta de supervivencia. Libera hormonas como el cortisol y la adrenalina, aumenta el estado de alerta y prepara al cuerpo para reaccionar ante el peligro.
Esta respuesta es necesaria frente a una amenaza puntual. El problema aparece cuando el peligro se repite durante semanas, meses o años y el organismo no encuentra tiempo suficiente para recuperar la sensación de seguridad.
La exposición prolongada al estrés puede tener distintas consecuencias en la infancia:
- Dificultades para concentrarse y aprender. Cuando el cerebro estĆ” pendiente de detectar amenazas, resulta mĆ”s difĆcil mantener la atención, memorizar información y participar en las actividades escolares.
- Alteraciones del sueƱo. Las alarmas nocturnas, las explosiones y la incertidumbre pueden provocar problemas para conciliar el sueƱo, despertares frecuentes, pesadillas y cansancio durante el dĆa.
- Hipervigilancia. Algunos niƱos pueden permanecer en alerta incluso cuando no existe un peligro inmediato y reaccionar con miedo intenso ante ruidos cotidianos.
- Manifestaciones fĆsicas del estrĆ©s. El malestar emocional tambiĆ©n puede aparecer mediante dolores de cabeza o estómago, cambios de apetito, irritabilidad o agotamiento.
- Cambios en el comportamiento. Dependiendo de su edad y sus circunstancias, algunos niƱos pueden aislarse, mostrarse mƔs dependientes de las personas adultas o perder el interƩs por actividades que antes disfrutaban.
No todos reaccionan de la misma manera. La edad, las experiencias vividas, la pérdida de familiares, el desplazamiento, la situación emocional de sus cuidadores y el acceso a apoyo psicológico influyen en la forma en que cada menor afronta el conflicto.
Los niños no se acostumbran a las bombas. Desarrollan respuestas para sobrevivir en un entorno que continúa siendo peligroso.
La guerra no suspende los derechos de la infancia
La Convención sobre los Derechos del Niño establece obligaciones que continúan vigentes durante los conflictos armados.
El artĆculo 19 reconoce el derecho de todos los niƱos y niƱas a recibir protección frente a cualquier forma de violencia fĆsica o mental, abuso, negligencia o malos tratos.
Su alcance no se limita a las agresiones ejercidas directamente contra un menor. TambiĆ©n exige adoptar medidas para prevenir la violencia, atender a las vĆctimas y crear entornos que protejan su desarrollo fĆsico, emocional y psicológico.
Por su parte, el artĆculo 38 establece obligaciones especĆficas en situaciones de conflicto armado. Los Estados deben respetar las normas del Derecho Internacional Humanitario aplicables a la infancia y adoptar todas las medidas posibles para proteger y cuidar a los niƱos afectados por la guerra.
La exposición continuada a las alertas, los bombardeos, el desplazamiento y la pérdida de espacios seguros afecta directamente al ejercicio de estos derechos. También lo hacen la destrucción de viviendas, escuelas, hospitales, parques y centros comunitarios.
Los artĆculos 19 y 38 transmiten una idea esencial. Cuanto mayor es el riesgo al que se enfrenta la infancia, mayor debe ser el esfuerzo para protegerla.
Una guerra que ha transformado la infancia
Desde febrero de 2022, la guerra ha obligado a millones de personas a abandonar sus hogares y ha provocado daƱos continuados en viviendas, escuelas, hospitales y otras infraestructuras civiles.
En 2024, mĆ”s de 14,6 millones de personas dentro de Ucrania necesitaban algĆŗn tipo de asistencia humanitaria. La cifra representaba aproximadamente el 40 % de la población que permanecĆa en el paĆs, segĆŗn el Plan de Necesidades y Respuesta Humanitaria de OCHA.
La crisis no solo cambió el lugar donde vivĆan miles de niƱos. Alteró sus rutinas, separó familias, interrumpió su educación y redujo los espacios en los que podĆan sentirse protegidos.
El anƔlisis de UNICEF sobre la infancia en Ucrania seƱala que cerca del 61 % de las familias observaba signos de estrƩs en sus hijos, entre ellos problemas de sueƱo.
DetrƔs de esa cifra hay noches interrumpidas, clases suspendidas y familias que intentan conservar algo de normalidad mientras desconocen cuƔndo volverƔ a sonar la siguiente alarma.
La guerra altera el lugar donde un niƱo vive, pero tambiƩn puede modificar la forma en que aprende a vivir.
La respuesta humanitaria de ONG Rescate en Ucrania
En 2024 finalizó el proyecto «Ayuda humanitaria a la población ucraniana de Kiev y las regiones de Ivano-Frankivsk y Zakarpattia», financiado por el Ayuntamiento de Madrid.
La intervención brindó ayuda humanitaria directa a mÔs de 24.932 personas desplazadas dentro de Ucrania y facilitó su acceso a vivienda, atención sanitaria y apoyo psicológico.
Entre las actuaciones desarrolladas se encuentran:
- La distribución de medicamentos y generadores eléctricos para contribuir al funcionamiento de hospitales afectados por los cortes de suministro.
- La concesión de 210 ayudas para el pago del alquiler, destinadas a facilitar el alojamiento y la integración de familias desplazadas.
- El diseƱo de un prototipo de vivienda modular para apoyar la reconstrucción de hogares destruidos. La primera unidad fue entregada a una familia que habĆa perdido su vivienda.
- La adquisición y reparación de vehĆculos destinados a la distribución de suministros y al traslado de personas enfermas.
- La puesta en marcha de un punto de atención psicológica y una plataforma de apoyo en lĆnea.
- La formación de profesionales de la psicologĆa para mejorar la detección de posibles casos de violencia de gĆ©nero.
El proyecto alcanzó el 100 % de ejecución presupuestaria y dejó infraestructuras y servicios que podĆan continuar siendo utilizados por las comunidades participantes.
En un contexto en el que miles de familias habĆan perdido su hogar y vivĆan bajo la amenaza constante de nuevos ataques, disponer de una vivienda, recibir atención mĆ©dica o encontrar acompaƱamiento psicológico no era un asunto secundario. Era una forma concreta de recuperar una parte de la seguridad perdida.
Colabora con ONG Rescate
Este artĆculo forma parte de la serie editorial Ā«NiƱos en la guerra de UcraniaĀ», dedicada a explicar cómo el conflicto afecta a los derechos, la seguridad y el desarrollo de la infancia.
Tu colaboración permite que ONG Rescate continúe acompañando a personas afectadas por crisis humanitarias y desplazamientos forzosos.
Este artĆculo forma parte de la serie editorial Ā«NiƱos en la guerra de UcraniaĀ», donde hablamos acerca de la protección frente a la violencia en niƱas y niƱos de Ucrania, recogida en los artĆculos 19 y 38 de la Convención sobre los Derechos del NiƱo.


