Ludwika Vega es una mujer trans nicaragüense que ha dedicado su vida a la defensa de los derechos del colectivo LGTBI, especialmente de las mujeres trans en su país, Nicaragua. Hoy sigue haciéndolo, aunque sea lejos geográficamente, desde su exilio forzado en España.
Antes de abandonar su país, Ludwika fue presidenta de la Asociación Nicaragüense de Transgénero durante una década y activista incansable por más de veinte años. Durante ese tiempo, logró visibilizar la lucha del colectivo por alcanzar derechos básicos.
“Nicaragua es un país muy rico en leyes, pero no existe ninguna que reconozca a las personas LGTBI. No contamos con una ley de identidad de género, con una ley que testifique los crímenes de odio, con una ley de adopción del mismo sexo, matrimonio igualitario. Además, estamos excluidas del concepto de familia”, lamenta la activista.
Ludwika vivía con su madre y hermanos en una casa que pudo costear con su trabajo y su esfuerzo. Su activismo la llevó a ser una figura pública, lo que no fue bien visto por quienes estaban en el poder. Las protestas de 2018, en las que las personas LGTBIQ+A jugaron un papel crucial, intensificaron el hostigamiento en su contra.
En septiembre de 2019, sufrió un brutal intento de asesinato, que le dejó secuelas físicas y psicológicas profundas. A pesar de esto, Ludwika continuó su lucha, lo que resultó en el cierre de la sede de su asociación y el cese de las actividades comunitarias que en esta realizaban.
El acoso y la violencia no cesaban por parte de los funcionarios gubernamentales. “Esta situación me obligó a tomar la decisión de dejar mi hogar y mi país. Pensé: o salgo o me matan o me muero por el desgaste psicológico y físico”, asegura.
En Rescate me han dado ese amor familiar que no tengo cerca
Llegar a España no fue fácil. Aunque traía toda la documentación legal, temía que no le permitieran entrar y que nunca más pudiera regresar a Nicaragua. “Los primeros meses fueron especialmente difíciles, con episodios de depresión y ansiedad. Sin embargo, encontré un apoyo fundamental en varias entidades, entre ellas, ONG Rescate”.
La organización le proporcionó asistencia psicológica y de salud, además de ayudarla a formarse profesionalmente y a prepararla para vivir con independencia. “ONG Rescate me ha dado el abrigo, ese amor familiar que no tengo cerca y la oportunidad de formarme aquí. Todas las técnicas de la entidad han dado el 100 % por mí”.
Adaptarse a una nueva cultura y superar la barrera del idioma, con sus matices y diferencias, fue otro reto. “Aunque también se habla castellano, los términos y el significado de muchas palabras son diferentes”, afirma.
“En España también hay discriminación”
Aunque Ludwika sabía que en España existen leyes y protección para el colectivo LGTBI, también era muy consciente de que las personas migrantes, especialmente las mujeres trans, enfrentan discriminación y exclusión en nuestro país. “Aunque aquí sí que hay leyes para el colectivo, a nosotras, como migrantes extranjeras, no nos amparan, no nos reconocen si no estamos legalmente reconocidas. Tenemos que legalizar nuestra situación, obtener una residencia, una nacionalidad para poder tener ese amparo legislativo. Eso también desgasta. No es lo que se nos vende desde fuera, que parece que Europa es la gran maravilla”.
A pesar de estas trabas, Ludwika valora positivamente el tiempo que lleva en España: “he aprendido mucho del colectivo, de entidades, de personas que me han ayudado. Estoy intentando crecer personal y profesionalmente a través de las formaciones que realizo, de las personas que conozco y de una vida más estable y saludable”.
La activista nicaragüense ha podido compartir su historia en el blog del diario ABC. Allí puedes conocer más sobre su experiencia en su país de origen y sobre su situación actual en nuestro país.
“Volveré a mi país cuando la situación mejore”
“Es cierto que extraño profundamente a mi familia, a mis perritas y mi casa, pero estoy feliz de poder seguir desarrollando mi labor activista en España y quiero encontrar una estabilidad laboral y una independencia aquí”.
Eso sí, Ludwika mantiene intacta la esperanza de que algún día la situación de su país cambiará a mejor y podrá regresar a Nicaragua. Mientras tanto, no dejará de luchar por los derechos de las personas del colectivo LGTBI allá donde le toque vivir.




