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En persona con Hanna Yashchuk, refugiada ucraniana: “Yo tenía una vida entera. Tocaba la batería, iba a boxeo”

Hanna Yashchuk es camarógrafa y experta en redes sociales. Hace cuatro años que no visita su país, Ucrania, que entró en guerra con Rusia en febrero de 2022. Es de Sebastopol, Crimea, que está bajo control ruso desde su “ocupación” en 2014, explica en una entrevista en la sede de ONG Rescate.

Lleva en España desde julio de 2024 y empezó a aprender español a mediados de septiembre. Tiene permiso de trabajo, pero aún no lo hace porque quiere algo relacionado con su profesión. “Llevo poco tiempo aquí y necesito encontrar los contactos apropiados”, aclara

Yashchuk cuenta con más de 12 años de experiencia en el mundo del marketing y la comunicación. Tiene dos grados universitarios en economía y teatro, sabe de algoritmos, de agendas y creatividad. Por lo que ha tomado la decisión de no contentarse con la primera oportunidad laboral que se le plantee. “Sé que puedo lograrlo”, asegura.

La huida de Ucrania tras la invasión rusa

Actualmente, toda su familia está aún en Crimea. Solamente ella y uno de sus tíos vivían en Ucrania (es decir, fuera de Crimea). Su familia, sus padres, no quisieron irse. “Ucrania es un buen país. La burocracia es sencilla, todo es online, tecnológicamente hablando es muy moderno. Tenía una vida entera. Tocaba la batería en un grupo, iba a boxeo después del trabajo. Es mi hogar y si me pasa algo siempre puedo volver”, cuenta.

Durante la invasión, Yashchuk vivía al norte Kiev, la capital. Cuando empezó la guerra se quedó poco tiempo en el país. “Estaba asustada”, reconoce. Una de las ciudades colindantes fue ocupada. Aunque no contaba con mucha información, no le costó entender que, si había ocurrido en la localidad vecina, solo era una cuestión de tiempo que pasase donde ella vivía.

Su tío, que vivía cerca de la frontera con Europa, le propuso que se fuese con él. Yashchuk habló con su exnovio —que es como familia para ella— y a las tres semanas del comienzo del conflicto, huyeron hacia el oeste. Esta fue la primera vez que abandonaba un lugar conocido y seguro para ella.

Francia y la dificultad de empezar de cero

Cuando llegaron, la situación se había recrudecido y las cosas empezaban a ponerse más difíciles. “Mi tío tenía un amigo que vivía en Francia y su familia ya había huido al país galo. Me ofreció irme y acepté pensando que sería durante muy poco tiempo, unos meses a lo sumo”, rememora. Pasó dos años en Colmar, cerca de Estrasburgo. “Lloré mucho. Cuando dejé Crimea lo hice de felicidad, cuando me tuve que ir a Francia, lo hice porque no quería irme”.

En Francia no quiso o no pudo integrarse. El duelo por el que estaba pasando le impedía aceptar su nueva vida. Sabía que necesitaba alquilar un alojamiento y para ello necesitaba trabajo, pero no quería relacionarse con nadie ni aprender el idioma “No tenía motivación. Para mí esto era pasajero. Tuve que trabajar en un hotel, aunque no es mi profesión, pero necesitaba el dinero”.

Entre medias, se fue a la Republica Checa, ya que un amigo suyo vivía ahí. Sin embargo, no pudo quedarse demasiado tiempo, ya que no ofrecían la misma protección que sí tenía en otros países europeos.  “Pensé que al estar yo sola, sin hijos y sin pareja, sería más fácil. Pero, no. No tenía documentación por lo que no podía hacer nada”, asegura Yashchuk.

España, una nueva oportunidad para crear e integrarse

Durante su infancia, su abuela trabajó en un barco durante muchos años. Esta le había hablado de Las Palmas, en su salón tuvo durante muchos años una fotografía enmarcada de un matador. En aquel entonces no significaba nada para ella. Pero, ahora de adulta si lo entendía. “La idea de España me gustaba. Disfruto mucho viendo la tele antes de acostarme y tengo una lista de películas que me gusta ver antes de dormir. Dos de ellas son españolas; El Cuerpo y Contratiempo”.

Ahora no sabe si cuando acabe la guerra, estará tan adaptada e integrada en el país que no querrá volver a Ucrania. Actualmente, lo que más le ata a su país natal es su sobrina. “Igual es bueno que venga a Europa”, reflexiona.

En 2022, España activó rápidamente la Directiva de Protección Temporal, permitiendo a los ucranianos residir, trabajar y estudiar de manera legal y ágil. El país se convirtió en uno de los principales destinos de los refugiados ucranianos tras la invasión rusa, superando las 200.000 protecciones temporales concedidas a finales de ese año. “El Gobierno nos dio una gran oportunidad y no quería desaprovecharla”, explica Yashchuk.

Un deseo: hacer películas

Aquí encontró la motivación que no había tenido en Francia y en poco tiempo se propuso aprender el idioma e integrarse en la sociedad. “Quiero hacer películas españolas. Son mejores que las de Hollywood”, afirma entre risas.

Aunque en Francia tuvo que trabajar de lo que pudo, sabe que con la oportunidad que le ha dado el Gobierno de España no puede desaprovecharla. “Se dice mucho que al ser migrantes tenemos que trabajar de lo que sea. Está bien, lo entiendo, pero necesito darme la oportunidad de encontrar algo en mi ámbito. Tengo la necesidad de crear”, sentencia.

Publicado el: abril 20, 2026

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