Kalaou, Mouliné, Bagoré en la comuna de Ségala (Mali) son los pueblos beneficiarios del proyecto “Reducir la inseguridad alimentaria a través del empoderamiento socioeconómico de las mujeres agropastoras” financiado por la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha (JCCA)y ejecutado por ONG RESCATE en colaboración con su contraparte local, la ONG maliense Centre Sahélien de Prestations d’Etudes, d’Ecodéveloppement et de Démocratie Appliquée (CSPEEDA).
Se unen así a otros dos pueblos como Diataya y Diamel de la Comuna de Maréna Diombougou que han estado siendo apoyados a través del proyecto “Mejora de los medios de vida de las mujeres a través de la alfabetización y actividades generadoras de ingresos” bajo el mismo financiador de la convocatoria de proyectos de 2023.
Desde 2018, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha ha respaldado iniciativas en esta región, apostando por proyectos de empoderamiento económico enfocados en promover medios de vida sostenibles para las mujeres. El nuevo proyecto, iniciado en enero de 2025, amplía ese compromiso, dotando a las organizaciones de mujeres con recursos productivos, formación técnica y apoyo organizativo.
Cultivar juntas para crecer juntas
Etiopía, con una población que supera los 102 millones de habitantes y con más de 23 millones de personas necesitadas de asistencia humanitaria según la OCHA, enfrenta múltiples crisis simultáneas: cambio climático, desplazamientos forzados, conflictos armados internos, inseguridad alimentaria y exclusión de las mujeres y niñas de espacios de poder. La región Somalí, en particular, es una de las más vulnerables del país y ha sido sistemáticamente desatendida.
Las organizaciones de mujeres de Kalaou, Mouliné y Bagoré han iniciado su camino con cultivos colectivos de secano, como cacahuetes y cereales. La producción se comercializa tras la cosecha y los beneficios alimentan un fondo común. Tras las lluvias, dedican 4 o 5 meses a la horticultura en huertos comunitarios donde cada mujer cultiva su propia parcela. De lo obtenido, una parte se destina al consumo familiar y otra se vende, generando ingresos directos.

Este sistema ha convertido las asociaciones en herramientas eficaces para mejorar la economía doméstica. Sin embargo, el camino no ha sido fácil: la falta de agua y la ausencia de cercados dificultaban el trabajo. Gracias al apoyo financiero de la JCCM, hoy los huertos están equipados con sistemas de riego solar y vallados resistentes. Además, las mujeres han recibido formación técnica que les permite gestionar semillas, plantar, mantener sus huertos y operar el sistema de riego.
Los resultados son contundentes: han pasado de producir 5-7 toneladas por hectárea a entre 15 y 20 toneladas, de las cuales entre el 35% y el 50% son para el consumo familiar y el resto para la venta.
Producción forrajera: alimentar al ganado, generar nuevos ingresos
Además del huerto, el proyecto ha impulsado la producción de alimentos para el ganado mediante pequeños cultivos forrajeros. Entre febrero de 2024 y marzo de 2025, las mujeres de Diataya, Diamel, Mouliné y Bagoré produjeron 17 toneladas de pienso, valoradas en 1.700.000 francos CFA (aprox. 2.590€), de las que ya se ha vendido el 50%. Esta diversificación fortalece la seguridad alimentaria y abre nuevas fuentes de ingresos.

El mayor obstáculo: el analfabetismo
Uno de los principales obstáculos que enfrentan las mujeres es el analfabetismo, que limita su capacidad para gestionar actividades económicas. Muchas organizaciones funcionan de forma oral, ya que sus integrantes no saben leer ni escribir. Para responder a esta necesidad, el proyecto ha creado centros de alfabetización en las cinco aldeas, con campañas formativas de cinco meses y un ciclo de tres años. En 2025, 90 mujeres ya participan en estos centros, dando un paso importante hacia su autonomía personal y económica.



