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octubre 23, 2026

Nicolás González Casares: «Becerreá es un ejemplo de integración trasladable a Bruselas”

Pie de foto: González Casares (segundo por la izquierda) en su visita a Lugo.

Nicolás González Casares es eurodiputado por el PSOE. Trabaja en el Parlamento Europeo y es miembro de la Comisión de Salud Pública; de la Comisión de Industria, Investigación y Energía; de la Comisión de Pesca; de la Delegación para las Relaciones con la República Federativa de Brasil y de la Delegación para las Relaciones con Mercosur. Y, además de todo esto, también es gallego. Quizás esa sea una de las razones que explican su especial interés por conocer nuestro proyecto de integración e inserción laboral en las zonas rurales de Galicia.

Hace unos días, González Casares pudo conocer de primera mano el trabajo que realiza ONG Rescate en el centro de Becerreá, en Lugo, para poder trasladar a Bruselas las buenas prácticas que considera que toda la UE debería fomentar.

 

 

 

La falta de relevo generacional y la despoblación son dos de las grandes amenazas para el entorno rural gallego. ¿Considera que la inclusión laboral de personas refugiadas puede ser un pilar clave para garantizar la sostenibilidad del sector primario?

 

Lo que yo he podido ver aquí, lo que hace Rescate en esta región, es justo todo aquello de lo que a veces no se habla: la imagen muy clara del impacto positivo de la inmigración. Continuamente vemos en los medios, en las noticias y en la opinión pública que quieren situar el debate migratorio en algo complicado y negativo, y lo que aquí vemos es una vertiente completamente diferente de la que nos quieren enseñar.

 

Aquí he visto el impacto positivo de las migraciones, cómo personas que tenían un futuro muy complicado, que son en muchos casos personas refugiadas, que tienen que buscar asilo en nuestro país o buscarse una vida nueva fuera, muy lejos de sus casas, la encuentran en un entorno rural que a su vez está muy necesitado, no solo de pobladores, sino también en muchos casos de mano de obra.

 

Hay actividades que tienden a desaparecer, pero aun así hay luchadores en el territorio que quieren que esas actividades pervivan y no encuentran con quién llevarlas a cabo.

 

Y aquí Rescate lo consigue. Conseguís que esas personas se integren, que esos jóvenes con voluntad de prosperar en sus vidas y tener una vida mejor creen una sinergia con las personas locales que permite mantener la actividad. Es una reacción en cadena, un negocio sigue abierto, un colegio tiene más posibilidades de subsistir, estas son las cuestiones fundamentales.

 

 

 

¿Qué aprendizajes o lecciones se lleva de esta visita para trasladar en Bruselas?

 

Bueno, lo primero que creo es que estas cosas hay que contarlas, y hay que contarlas en un momento en que Europa tiende a cerrar puertas sin recordar que la migración ha existido y ha sido necesaria en todas las épocas de la historia.

 

Experiencias como estas pueden hacer ver a mucha gente -que además creo que, a veces, no reacciona con humanidad suficiente ante muchísimos dramas-, por qué toda esta gente preferiría estar viviendo en sus países, pero no pueden.

 

Quiero trasladar el mensaje no solo de que necesitamos integrar a los migrantes, sino que hay muchísimos ejemplos tan positivos como este que deberían ayudar a que Europa mantenga la ilusión por un proyecto integrador y no solo se dedique a envejecer y cerrar fronteras. Porque cerrar las puertas a las personas solo sirve para encerrarnos en nosotros mismos y no ser capaces de crear proyectos de futuro.

 

 

 

¿Se están aplicando modelos similares a este en otras regiones europeas?

 

Sí, creo que por suerte en Europa hay sitios donde hay proyectos similares que también son escalables, pero el rural gallego probablemente tenga una idiosincrasia que de entrada puede parecer de rechazo, pero es muy receptiva, ya que todo el mundo aquí ha sufrido las consecuencias de la emigración. Muchos de estos pueblos se han vaciado en algún momento porque la gente ha emigrado.

 

En general, en el entorno rural puede ser a veces más fácil llevar a cabo estos proyectos, porque es más fácil también trasladar el impacto positivo en las poblaciones, ya que la gente se conoce más.

 

Es decir, lo que hace Rescate aquí, lo conoce todo el pueblo. No creo que haya nadie aquí en este entorno que no sepa lo que está ocurriendo. En la ciudad puede ser más complicado, por eso los entornos rurales pueden ayudar más y además están mucho más necesitados.

 

Cuando se activa un proyecto como este, desde luego que todo el mundo gana. No solo ganan los migrantes que vienen, sino que gana toda la población en su conjunto y es mucho más fácil de evaluar y de humanizar.

 

 

 

¿Hemos deshumanizado las migraciones?

 

Lamentablemente sí. Y la importancia de humanizar las migraciones la acabamos de ver en Ceuta. Se habla mucho de sacar a esta gente de aquí, de la playa, y se olvida una dimensión humana brutal, que es el hecho de que más de cien personas que murieron saliendo de Marruecos, escapando de un país en busca de una vida mejor en Europa.

 

Todo esto tiene que hacernos reflexionar sobre los impactos terribles que sufren las personas que emigran. Ojalá todo el mundo entendiera que son las mismas personas que pueden ayudarnos a crear precisamente impactos muy positivos en los territorios donde se asientan.

 

Porque, aunque Becerreá sea un pequeño ejemplo, aquí unas pocas personas pueden cambiar la decisión de cerrar un colegio, o pueden contribuir a que haya un supermercado abierto. Para la gente que vive aquí eso es tremendamente importante. Los tejidos sociales y la solidaridad en los pueblos desaparecen cuando no hay gente que de verdad siente aquello como propio. Eso es justo lo que evita un proyecto como este.

 

 

 

¿De qué manera los fondos europeos pueden respaldar proyectos como el de ONG Rescate en Galicia, que ponen el foco no solo en la inclusión laboral de personas solicitantes de asilo sino de sostenibilidad del entorno rural?

 

 

En Becerreá he conocido a migrantes que vienen de Mongolia, de Colombia o de Mali, que ya están trabajando y que tienen o tendrán hijos aquí. Estas personas querrán que sus hijos puedan estudiar, que puedan ir a la universidad y que tengan las mismas oportunidades que el hijo de cualquiera que viva en nuestro territorio. Que, además, se las habrán ganado por derecho.

 

El éxito de la integración no es que no haya sustos, ni violencia, ni esas cosas que quieren mezclar algunos. El éxito de la integración lo mediremos cuando, en unos años, el hijo de estos migrantes que están aquí, de Mongolia, de Colombia o de Mali, tengan las mismas oportunidades que cualquier persona española. Ojalá uno sea médico y otro siga trabajando en el campo porque así lo han decidido ambos. Eso es lo que tenemos que garantizar ahora mismo también desde Europa.

 

 

 

Y en el marco del nuevo Pacto de Migración y Asilo, ¿cómo se equilibra la gestión migratoria en la UE con iniciativas exitosas de acogida e integración?

 

El Pacto Migratorio tiene una doble vertiente. Tiene la vertiente de cooperación internacional con los países que más migrantes envían a Europa, que son las más limítrofes, y que tiene aspectos positivos como la mejora de la calidad de vida en esos territorios de origen. Pero también tiene una dimensión que vemos cada vez más y que consiste en subcontratar el control de los flujos migratorios. Este pacto se agarra a países como Marruecos o Turquía para que retengan a las personas migrantes.

 

El respeto a los derechos humanos con este nuevo Pacto de Migración y Asilo en algunos casos, en buena parte de los casos, trata de respetarse, pero en otros queda flojo.

 

 

 

¿Y cuáles son las líneas rojas para su grupo parlamentario?

 

Los centros de deportación en terceros países. A eso sí nos hemos opuesto firmemente. No dejan de ser limbos a los que se envía a la gente y se le mantiene allí unas condiciones que muchas veces no son perfectamente trazables.

 

 

¿Cree que podemos terminar esta entrevista con un mensaje de esperanza para los próximos años?

 

 

Yo confío en que cada vez más europeos y europeas se den cuenta de que el cierre de fronteras no puede ser el camino, porque ese camino crea sociedades desiguales, sectorializadas, con marginalismos, donde la gente tiende a separarse y a aislarse y que al final no prosperan. Eso no es progreso y estoy seguro de que la ciudadanía europea será consciente en su conjunto.

 

 

Publicado el: octubre 26, 2026

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