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Un voluntariado que transforma vidas: la historia de Flor y Awa

En el mundo del voluntariado cada historia es única, pero todas tienen un hilo conductor: el deseo de ayudar y el impacto que esa ayuda genera tanto en quien la recibe como en quien la brinda. Esta es la experiencia de Flor, una argentina que, desde su llegada a Málaga hace dos años, ha dedicado su tiempo a promover la inclusión de personas migrantes, especialmente a través de su amistad con Awa, una marfileña del programa BeFriending de ONG Rescate.

 

El camino hacia el voluntariado

El compromiso de Flor con el voluntariado nació a partir de una reunión organizada por la coordinadora de ONG Rescate en Málaga a la que ella asistió y en la que se planteó a las personas allí presentes la posibilidad de colaborar en este proyecto de inclusión.

 

“Soy una persona muy sociable, me gusta conocer gente y contribuir a lo que pueda”, comenta la voluntaria. Para ella, fue como unir dos pasiones: ayudar y conectar con personas. Desde su llegada a Málaga había estado generando redes de apoyo en su entorno y este proyecto formalizó ese impulso natural de tender puentes.

 

“Si ya lo hacía de forma espontánea, ¿por qué no hacerlo en un marco organizado que pudiera beneficiar a quienes realmente lo necesitan?”, reflexiona. Así fue como decidió unirse a este programa de voluntariado, dando lugar a una experiencia que hoy define como “parte de su vida”.

 

Una relación que trasciende

Lo que comenzó como un proyecto estructurado y coordinado por la entidad se ha convertido en una amistad profunda entre Flor, Awa y Leny, que es la tercera voluntaria de este trío que organiza planes de manera incesante desde que se conocieron. Aquello ocurrió el verano pasado, cuando Awa llevaba ya ocho meses en España.

 

“Awa y Leny son parte de un nuevo grupo de amigas. Aunque tengo la responsabilidad de ayudar a Awa a practicar el idioma para facilitar su inclusión, lo haría igualmente, aunque no estuviera vinculada al voluntariado”, cuenta Flor.

 

Las actividades que realizan juntas son diversas y enriquecedoras. Desde paseos por los lugares emblemáticos de Málaga hasta celebraciones especiales como los cumpleaños de todas ellas. Por el de Awa se fueron de brunch.

 

Juntas también han ido a visitar Torremolinos, han visitado museos, han recorrido la calle Larios en navidad, han comido chocolate con churros y, en todos esos encuentros, han planeado los siguientes. “Es hermoso verla feliz y disfrutar”, relata emocionada.

 

Su visión sobre las migraciones y la inclusión

Flor partía con una ventaja para participar en esta experiencia. Ser migrante le ha permitido empatizar de una manera única con Awa, así como con el resto de personas migrantes con las que en estos años ha hecho algún voluntariado. “Sé lo que es llegar a un país nuevo, donde tu CV casi no importa y tus años de experiencia parecen no valer. Sin embargo, la mochila de conocimientos y habilidades que traemos es valiosa”, comenta.

 

A pesar de haberse sentido siempre bienvenida en España, es consciente de las trabas que la sociedad tiende a imponer a las personas migrantes, a menudo basadas en su raza o religión. “Es un desafío educar a las nuevas generaciones en igualdad y respeto al prójimo, porque la discriminación no es solo un problema español, sino mundial”.

La responsabilidad del cambio

Para esta voluntaria, el cambio comienza en cada uno o cada una. “Todo el mundo deberíamos ser agentes de cambio, más allá del voluntariado. Podemos acompañar a personas como Awa en ciertos momentos, pero su vida diaria la enfrentan ellas solas. Si no aprendemos a aceptar a las personas sin importar su origen, raza o religión, el mundo va por mal camino”, sentencia.

 

Sin embargo, también destaca el impacto que Awa ha tenido en su propia vida. “Cada día me pregunto si soy yo quien la ayuda o si ella me está ayudando a mí. Sus historias me han abierto los ojos a realidades que trascienden su experiencia personal”.

 

El futuro de la amistad

La relación entre Awa y su mentora se basa en la confianza mutua. Al recordar su primer encuentro, la voluntaria rememora cómo Awa, quien en ese momento solo hablaba francés, estaba seria y desconfiada. Sin embargo, poco a poco, lograron romper el hielo y construir una conexión genuina. “Cuando me regaló su primera sonrisa, sentí que habíamos dado un gran paso”, dice con alegría.

 

De cara al futuro, esperan seguir afianzando su amistad y explorando nuevos lugares juntas, como Fuengirola, el próximo destino que Awa desea conocer. “Cada encuentro refuerza nuestra conexión, y me llena de energía ver cómo su vida en Málaga se va enriqueciendo día a día”, asegura Flor.

 

La historia de esta voluntaria y Awa es un recordatorio poderoso de que el voluntariado no solo transforma las vidas de quienes reciben apoyo, sino también las de quienes deciden dar parte de su tiempo y de quiénes son. Es un intercambio donde la empatía y la amistad se convierten en el motor del cambio social.

 

Publicado el: diciembre 10, 2024

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