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Adrián Gutiérrez, psicólogo de ONG Rescate: “La gran mayoría de personas dispone de herramientas de resiliencia para seguir adelante”

Adrián Gutiérrez es uno de los psicólogos de ONG Rescate. Se define como un asturiano más en Madrid que echa de menos la lluvia en verano y el mar cada día de su vida.

Su padre vivió primero y trabajó después en centros de menores y parte de su infancia ocurrió en lugares así. Creció y buscó respuestas en la psicología a muchas de las cosas que había visto. Encontró algunas, pero confiesa que no dejaron de surgirle nuevas. Algunas que, en realidad, eran mucho más emocionantes.

Como buen psicólogo, prefiere hacer preguntas que contestarlas. A su entrevista no hay que cambiarle ni una coma, lo que plasma no solo su esfuerzo por dejar claros los conceptos por los que se le pregunta, sino su capacidad de sosiego y reflexión.

Pregunta: Para comenzar la entrevista, la primera pregunta que le haría a un psicólogo es ‘¿Tú cómo estás?’.

Respuesta: Es una buena pregunta, pero muy abierta. También podemos probar con ¿Estás bien?, aunque suele empujar a las personas a decirte que sí, por mucho que a menudo sospechemos que no es así. Mi respuesta a la pregunta sería que sí, que no me puedo quejar, porque me dedico a la profesión que amo y tengo la suerte de poder desarrollar mi trabajo en un ámbito como la protección internacional, donde siempre nos encontramos casos desafiantes y complejos que nos obligan a aprender y a seguir formándonos para poder abordarlos con honestidad.

P: ¿Podrías definirme con tres palabras, antes de comenzar a profundizar, cuáles son las características más comunes en cuanto a salud mental que arrastran las personas que llegan a ONG Rescate?

R: Aunque el término salud mental ha resultado muy útil para sensibilizar en los medios y en la población en general sobre la seriedad de los problemas psicológicos, creo que la salud es solo una. Cuerpo y mente son solo uno. Además, si lo opuesto a salud es enfermedad, me cuesta meter el sufrimiento y el malestar psicológico en esas categorías. Son categorías rígidas y tramposas, como las enfermedades mentales. No digo que no haya una realidad detrás. Sería absurdo negar la evidencia. Creo que utilizamos estas etiquetas de forma excesiva y cada vez para más cosas.

Nos enfrentamos al sufrimiento psicológico de personas que han abandonado su vida pasada. Es como salir de casa dejándolo todo desordenado. Y llegar más tarde a un lugar extraño. A veces, incluso hostil. Un lugar que no se parece al que les contaron. Tampoco al que comenzaron a imaginar antes de abandonar su hogar. A partir de ahí el perfil se abre tanto que cabe todo el ser humano dentro. Ah, ¿las tres palabras? Vemos mucha tristeza, miedo y desorientación.

Salud mental y migración: acompañar sin juzgar

P: A menudo nos centramos en el viaje, pero la llegada a un nuevo país también genera enormes desafíos emocionales. ¿Hay resistencia inicial por parte de las personas a recibir acompañamiento psicológico?

R: La respuesta rápida es sí. Depende en buena medida del país de procedencia y de la percepción social que se tenga allí de la psicología. Asumimos que mostrarnos vulnerables para que puedan ayudarnos es un fenómeno humano universal, pero los condicionantes culturales y religiosos pesan mucho. Me asignaron un psicólogo, ¿creen que estoy loca? Una parte esencial de la intervención consiste en explicar lo que hacemos. También consiste en explicar cómo podemos ayudarles. Otra parte, tan importante como esta, es lograr que confíen en nosotros. Lo cierto es que siempre nos encontramos con una resistencia al cambio. Eso no es específico de este ámbito, sino común a las personas en general.

El primer desafío es vencer esa resistencia a participar en una intervención psicológica, un proceso que a veces debemos hacer desde fuera. Es decir, desde los espacios informales como el comedor, los pasillos y esos lugares comunes donde sucede la vida de las personas en el centro. Normalizándonos como técnicos y también como personas creamos las condiciones necesarias para poder trabajar como psicólogos dentro de las salas de intervención.

P: ¿Cómo se adapta la intervención psicológica a toda la diversidad de perfiles con los que se trabaja en ONG Rescate?

R: La diversidad en este ámbito es mucho mayor que en cualquier otro campo. Si hablamos de adaptarnos como psicólogos, incidiría en una cuestión formal: la necesidad de traducción. Desde este condicionante yo dividiría en dos los tipos de intervención. En el primero, incluiría las intervenciones que se llevan a cabo con las personas que hablan nuestro mismo idioma y en el segundo los que no. Incluir la interpretación, telefónica o presencial, en la consulta resulta siempre una dificultad añadida. Es invitar a una persona ajena a este proceso a que participe de un ámbito que consiste esencialmente en generar una intimidad.

No solo se trata de crear una alianza terapéutica con la persona acogida, sino también de que el intérprete sintonice con las dos personas implicadas en el proceso. Que entienda, comparta y asuma los objetivos de ese trabajo en conjunto. La continuidad, pocas veces posible, de un mismo intérprete en el seguimiento psicológico de una persona es una variable predictora del éxito en terapia. Mi carta a los Reyes Magos incluiría una petición: que se forme a intérpretes en cuestiones esenciales psicológicas, desde la terminología a los objetivos terapéuticos. Ese puente nos ayudaría a todos a mejorar. Y todo esto va de construir puentes, ¿no?

El duelo migratorio

P: ¿Cómo definirías, de manera humana y no teórica, el duelo migratorio?

R: Buscamos categorías diagnósticas para explicar procesos humanos complicados y dolorosos, pero también normales. Una gran parte de los problemas psicológicos se relacionan con la adaptación a la pérdida, al cambio, a la obligación de modificar nuestra manera de entender y comportarnos frente a una nueva situación, compuesta por elementos distintos a los que estábamos acostumbrados. Ahora tratemos de imaginar cómo es adaptarnos a un nuevo mundo, donde no encontramos nuestros apoyos habituales ni las certezas que nos generaban seguridad. Un cambio radical y drástico.

Por eso me gusta mucho más pensar que estamos ante una adaptación de un nivel de exigencia enorme que ante un duelo, porque creo que muchos no lo sienten así. Adaptarnos a tantas cosas a la vez es como reconstruir nuestro mundo completamente y hacerlo además con materiales distintos a los que conocíamos. El duelo se refiere al pasado, la adaptación es fundamentalmente presente. Y eso sí lo podemos cambiar.

P: ¿Alguna vez se supera ese duelo por completo?

R: En mi opinión más que superarse, el duelo se integra. La aceptación es una forma de hacer soportable la ausencia, de buscarle un encaje en un presente desde donde seguir adelante, aunque como dice la palabra, duela. En terapia resulta desafiante entender a qué daños debemos exponernos para habituarnos a ellos y reducir así su impacto sobre nosotros y qué otras vivencias serán simplemente almacenadas bajo los nuevos recuerdos sin necesidad de analizarlas para desmontarlas. Tal y como sucede con el trauma, la gran mayoría de personas dispone de herramientas de resiliencia para seguir adelante, aunque todos necesitemos nuestro propio tiempo y nuestros propios procesos. Hemos de poner, por tanto. el foco en las que no pueden o todavía no saben.

P: ¿Cómo se coordina el apoyo psicológico con otras áreas de la ONG, como la inserción laboral o el asesoramiento jurídico, para lograr una inclusión real?

R: Nuestro papel en este ámbito se maneja en una difícil dualidad. Por una parte, el trabajo del psicólogo es solitario. Su contexto natural suele ser una consulta de puertas cerradas. Ahí puede generarse ese espacio seguro imprescindible. Por otro lado, en este ámbito también somos técnicos integrados en un equipo de trabajo. Ese equipo persigue un objetivo común: el desarrollo de la autonomía de las personas acogidas. Y ahí surge siempre la contradicción o el dilema. Todo se concentra en un concepto sensible: la confidencialidad.

Resulta innegable que ha de ser siempre un principio deontológico esencial que guíe el desarrollo de nuestra profesión. Al mismo tiempo, hemos de aprender a gestionar la información con prudencia y responsabilidad para establecer sinergias con nuestros colegas de empleo, trabajo social o jurídico. Debemos respetar el secreto profesional, pero desde nuestro conocimiento de la persona acogida y el respeto a la diferencia. Tenemos que potenciar sus intereses y sus fortalezas para acompañarle hacia la autonomía. Compartir nuestro análisis sobre la persona debe sumar en ese diseño conjunto de itinerarios razonables, flexibles y exitosos.

¿Resiliencia?

P: ¿Le exigimos a las personas migrantes más resiliencia de la que quizás pueden ofrecer?

R: Muy buena pregunta. Es imposible responderla sin considerar la importancia del tiempo. Toda adaptación tiene su propio recorrido. A veces, ese recorrido es rápido. Las personas se ven obligadas a enfrentar nuevos desafíos de manera constante. Y lo hacen sin haber encajado todavía todas las renuncias, despedidas y vacíos que las acompañan. Ciñéndonos al sistema, los técnicos debemos considerar nuestro tiempo disponible con ellos. Trabajamos en un espacio incierto de transición entre la vida pasada de una persona y el proyecto de vida que está ya sobre la mesa. Su migración no termina en nuestros centros, no es el punto de llegada.

Nunca sabemos de cuánto tiempo disponemos para la intervención ni como adecuar la duración de su estancia aquí al abordaje de las necesidades que detectamos en intervención. Por eso debemos ser extremadamente flexibles en nuestro trabajo y potenciar las herramientas de resiliencia que disponen las personas y a partir de ahí direccionarlas hacia objetivos desde la psicoeducación y el entrenamiento en nuevas habilidades adaptadas al nuevo entorno. Creo que la calidad técnica de nuestro trabajo exige un buen manejo de esta variable.

Acompañar el sufrimiento sin dejar de cuidarse

P: ¿Cómo gestiona el propio equipo el impacto emocional de acompañar diariamente al sufrimiento y la esperanza de estas personas?

R: En realidad, nunca resulta sencillo lidiar con el sufrimiento ajeno. A menudo, las personas vulnerables necesitan expresarse. Necesitan desahogarse y hablar para desenredarse. Nuestra primera reacción ante el dolor ajeno suele ser contener. También tendemos a dar respuestas de cierre o soluciones fáciles. Pero, a veces, las personas solo necesitan decir que están mal. Lo importante es mostrarnos disponibles y saber estar en silencio. Ese es un proceso que se aprende desde la experiencia. Esto nos genera malestar como seres humanos y cierta sensación de culpa. Es el famoso malestar ante el malestar ajeno.

A menudo los técnicos somos un rompeolas. La adaptación a un país nuevo no es sencilla y puede generar frustración o rabia. Aceptar de manera incondicional al otro es un esfuerzo necesario. Utilizar la empatía para comprender a los demás nos protege. También nos protege aprender a separarnos después, con límites y tiempo de calidad en nuestra vida personal. Al mismo tiempo, eso nos permite desarrollar este hermoso trabajo durante más tiempo. Y luego está hablar con nuestros compañeros de lo que nos ocurre, aunque solo sea para escucharnos a nosotros mismos. Por supuesto, de vez en cuando, reírnos juntos.

P: ¿Crees que la sociedad tiene la capacidad de entender la realidad emocional de las personas refugiadas y migrantes?

R: Cuando nos asomamos con trazo grueso a un fenómeno masivo de personas sin nombre, el espacio para la ignorancia es mucho mayor. Eso cambia cuando individualizamos la migración en una persona concreta, con la que compartimos espacios, rutinas o vivencias. Cuando entras en contacto con la historia y el sufrimiento real de una persona, la capacidad de empatizar es más sencilla. Más aún cuando sabes que se ha jugado la vida para llegar hasta aquí. Diría incluso que es algo natural.

La concienciación para cambiar las barreras sociales y hacer frente a la intolerancia es una aspiración global e irrenunciable como sociedad. Pero, a nivel de intervención, tenemos que preparar a las personas acogidas para la realidad actual. Una realidad que, a veces, tiene un reverso más feo e incluso cruel. Solo así podemos desarrollar juntos herramientas para su adaptación a un mundo nuevo, lleno de cosas hermosas y posibilidades, pero también imperfecto.

Publicado el: mayo 26, 2026

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