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De Siria a Madrid: la historia de Lina Al Bizreh y la inclusión de refugiados en España

Lina Al Bizreh es madre de tres hijos —una niña y dos varones— y hace doce años tomó una decisión que le cambiaría la vida a toda su familia: abandonar Siria, su país natal. Debido a la guerra civil, que comenzó en 2011, vivir se había vuelto imposible. Tuvieron que abandonar su casa e irse con familiares y en las escuelas de los menores también comenzaron a haber problemas. Como el marido de Al Bizreh tenía familia en España, decidieron irse del país a principios del curso de 2014. “Decidimos hacerlo por el futuro de los niños”, confiesa la que hoy es secretaria de ONG Rescate en Madrid. 

La llegada a Madrid y los primeros meses como refugiados

Aunque ha pasado más de una década desde que llegaron a la capital, Al Bizreh recuerda aquellos primeros meses. “Fue muy duro. Llegas a un ambiente completamente diferente”, cuenta la mujer. Primero fueron a centro temporal de acogida y, posteriormente, pasaron casi un año en un centro en Getafe, donde compartían habitación y su vida —truncada por la guerra—con gente desconocida. “No es que la gente fuese mala ni mucho menos, es que no los conoces de nada y tampoco estás acostumbrada a vivir así”, aclara.  

Durante un tiempo, se comunicó en inglés con quien podía y pidió ayuda para poder sobrevivir. Sin embargo, sabía que no era lo que quería para su futuro. “Tenía que trabajar en mí misma, en mis estudios, aprender el idioma… Por mis hijos”, incide. 

Al ser más pequeños, sus hijos se adaptaron rápido al cambio. Al principio iban a clases de español para extranjeros, pero a los dos meses ya estaban empezando a entrar al aula con el resto de los compañeros. “Venían de una situación difícil en Siria”, recuerda Al Bizreh, que cree que esto les motivó a empeñarse en los estudios.  

En 2014, el año en el que la familia abandonó el país, fue uno marcado por la consolidación y expansión del Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés). La guerra civil, que había comenzado tres años antes, escaló hasta los más de 76.000 muertossegún informó el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos y otros activistas 

Por este motivo, se notó un aumento de las solicitudes de asilo de personas sirias, con más de 3.300 y unas 1.679 aprobadas. En el presente, España mantiene una de las tasas más altas de reconocimiento de protección internacional a ciudadanos sirios, con un 92%, según los datos de 2023. En total, se estima que existen alrededor de 17.000 sirios con protección internacional en el país 

El proceso de asilo y protección internacional en España

Una situación que Al Bizreh conoce perfectamente. Solo desde hace tres años, su familia cuenta con la nacionalidad; sin embargo, el proceso para llegar al ansiado DNI fue largo.

Al poco de llegar a España consiguieron la tarjeta roja. Es decir, aquella que les identifica como solicitantes de Protección Internacional y cuya solicitud ha sido admitida a trámite. Un proceso que tiene una demora de unos tres meses, aunque el permiso de trabajo asociado a este documento se activa después de seis meses desde la entrevista inicial, proceso que otorga la tarjeta blanca —documento provisional que reciben los extranjeros al solicitar el asilo—.  

Dos años después de su llegada obtuvieron el permiso residencia de cinco años y, un año después, la nacionalidad. Algo que para sus hijos ha sido un alivio. “No quieren ser diferentes a los demás. Les daba vergüenza tener que enseñar un documento que no era igual que el del resto. Ahora, están más cómodos”, reconoce. Para ella el DNI ha significado que después de muchos años de duro estudio, trabajo y cuidados, ha “merecido [tener] este documento.”.  

Integración, trabajo y vida en España

Al Bizreh no quiso perder el tiempo cuando llego a Madrid. Se ofreció como voluntaria en la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) para ayudar con la barrera idiomática a las personas árabes. Después de eso, le ofrecieron la oportunidad de trabajar como técnica de acogida en el turno de 11 de la noche a seis de la mañana, donde estuvo cinco años.   

Cuando su tiempo en CEAR terminó, decidió sacarse el carné de conducir y el curso de auxiliar administrativa, para luego volver a la entidad en la que estaba y continuar su trayectoria laboral. Posteriormente, decidió formarse como mozo de almacén y carretillero. Un trabajo duro donde “tienes que estar de pie y en movimiento todo el día”, algo que, a pesar del tamaño de Al Bizreh, que no mide más de 1.60, no lo supuso un problema. “Quiero trabajar y ganarme las cosas yo, no quiero depender de nadie”, manifiesta.  

La nacionalidad española y un nuevo comienzo

Aunque en 2024 cayó el régimen de Bashar Al-Asad, la familia aún no ha vuelto a Siria. Aunque sí han viajado al Líbano, donde se encuentra toda su familia —y gran parte de la población del país vecino—. Cuando pasa mucho tiempo en el país levantino siente muchas ganas de volver a España, a casa.  

A pesar de que todavía no se siente española, sí que ha percibido la imbricación cultural. “Ahora comemos arroz con huevo frito”, cuenta la siria entre risas, algo que a su hermana le parece casi marciano. También se ha visto a sí misma buscar las tradicionales doce uvas de fin de año en el supermercado e ir a la Cabalgata de Reyes en Madrid.  

Vivir en España es el reflejo de haber pasado años difíciles trabajando, estudiando y cuidando a su familia para construir un futuro mejor para sus hijos. “Me siento más tranquila porque sé que aquí pueden tener oportunidades”, remata.  

Publicado el: marzo 9, 2026

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