Zam Zam Omar tuvo que dejar a su hija de siete años en Somalia para salvarla. Desde entonces no se han vuelto a ver. Su mayor miedo es que la obliguen a sufrir mutilación genital femenina (MGF), la misma práctica que marcó su propia infancia. Amenazada por grupos armados por su trabajo en defensa de los derechos de las mujeres, huyó sola y llegó a España en marzo.
Hoy, con estatus de refugiada, trabaja como ayudante de cocina mientras lucha por reunirse con su hija lo antes posible. Su historia inaugura “Historias Rescate”, una nueva sección que pone rostro a los más de 167.000 solicitantes de protección internacional que viven actualmente en España.
Pregunta: ¿Cómo era tu vida en Somalia?
Respuesta: Crecí y viví allí toda mi vida. Estudié enfermería y salud pública, y más tarde me especialicé en gestión y protección frente a la violencia de género. Trabajé con ONG como activista de género, apoyando a mujeres y niñas a través de talleres, seminarios y actividades de sensibilización comunitaria. Mi trabajo se centró en la prevención de la violencia de género, el matrimonio precoz, la violencia doméstica y la MGF.
P: ¿Qué te llevó a huir de su país natal?
R: Mi trabajo, ya que es muy peligroso. Los grupos armados, incluido Al-Shabaab, atacan a las personas cultas, visibles o que defienden los derechos de las mujeres. Cuando viajé fuera de la capital para trabajar con las comunidades, fui atacada varias veces. Me dijeron que no aceptaban a las mujeres que intentaban empoderar a otras mujeres.
P: ¿Cómo fue tu infancia?
R: Dura. Perdí a mis padres debido a la violencia. Mi padre fue un importante líder comunitario y fue asesinado en 2021 con una bomba que estaba debajo de su coche. Mi madre murió años antes debido a una explosión en la carretera principal. Después de esto, mi hermano mayor se convirtió en el cabeza de familia.
«Mi única intención era vivir, protegerme a mí misma y, algún día, proteger a mi hija».
P: ¿Cómo fue tu paso a la vida adulta?
R: Me casé muy joven, a los 17, con un colega de la universidad. Nos queríamos, pero nuestras familias no estaban de acuerdo con nuestra relación debido a la discriminación y disputas que existen aún hoy entre clanes. Después de un año, mi marido sucumbió a la presión familiar y me dejó. He criado a mi hija sola.
P: Hablando de tu hija… Fuiste madre joven y soltera. ¿Cómo ha sido todo el proceso?
R: Fui sometida a la mutilación genital femenina cuando era niña. Por ello, sufrí graves complicaciones durante el parto y tuve que dar a luz por cesárea. Esto ha hecho que quiera proteger aún más a mi hija. Me negué a permitir que la sometieran a la mutilación genital femenina. Pero mi hermano y otros miembros de la familia insistieron en que era “el momento” cuando cumplió los siete. Para ellos, sigue considerándose una cuestión cultural o religiosa, aunque no lo sea.
Es mi mayor temor. Tengo miedo de que obliguen a mi hija a someterse a la MGF. He hablado con mi abogado sobre la reunificación familiar con la mayor urgencia posible porque sé lo que la mutilación genital femenina le hace a una mujer física y psicológicamente. No puedo permitir que eso le suceda a ella.
P: ¿Fue esto lo que te hizo huir de Somalia?
R: No exactamente. Salir no fue fácil. Un día, unos hombres armados vinieron a mi casa a buscarme. No estaba allí, pero recibí mensajes advirtiéndome. Me mudé con mi hija a la casa de mi hermana, cerca de una zona controlada por el Gobierno, que era un poco más segura. Una semana después, salí de Somalia, buscando cualquier oportunidad para sobrevivir y encontrar una forma de salir del país. Sin embargo, con un pasaporte somalí es casi imposible viajar, por lo que utilicé un pasaporte de otro país. Lo hice para poder sobrevivir y protegerme. Mi única intención era vivir, protegerme a mí misma y, algún día, proteger a mi hija.
P: ¿Y qué ocurre cuando llegas a España?
R: Cuando llegué a España, entré en el sistema de asilo y me la aprobaron a los dos meses. Se me proporcionó alojamiento, apoyo psicológico y asistencia básica. Era la primera vez en mi vida que tenía acceso a atención psicológica. En Somalia, casi todo el mundo vive con traumas, pero no hay servicios de salud mental.
«Sobreviví, pero no es suficiente. Quiero que mi hija viva libre.»
Más tarde encontré trabajo en un restaurante, pero no me renovaron el contrato. Mi programa en el centro estaba a punto de terminar y no tenía ahorros. Pedí ayuda y me ofrecieron un trabajo en otro centro. Ahora trabajo en catering y como ayudante de cocina. No es mi profesión, pero es un comienzo.
P: ¿Qué deseas para tu futuro?
R: Quiero continuar mi trabajo en favor de los derechos de las mujeres y convalidar mis estudios en España. Deseo mejorar mi español y, algún día, apoyar a las mujeres migrantes y refugiadas aquí, especialmente a las que vienen de África y de países árabes y se enfrentan a la violencia de género.
P: ¿Y qué sabes de tu hija?
R: Echo de menos a mi hija todos los días. Me pregunta cuándo voy a volver. Antes, cuando viajaba por trabajo, siempre regresaba al cabo de unos días. Ahora no entiende por qué estoy fuera tanto tiempo. Nunca ha conocido a su padre y solo me tiene a mí. A veces me siento culpable por haberla dejado atrás; pero sé que no tenía otra opción.
P: ¿Por qué no tenías otra opción?
R: Somalia es un país en el que nunca sabes si vas a volver a casa sana y salva. Si vas a trabajar, a estudiar o a ayudar a tu comunidad, es posible que no regreses. Incluso ahora, no puedo explicar con palabras lo difícil que es la vida allí. Es algo que se siente en el cuerpo. Sobreviví, pero no es suficiente. Quiero que mi hija viva libre.



