Durante el mes de junio, en concreto cada día 17, se celebra el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. El lema de Naciones Unidas de este año ha sido: Unidos por la Tierra: Nuestro legado y nuestro futuro. Este mensaje resuena especialmente en la región del Sahel, al sur del desierto del Sahara, donde la desertificación y la sequía son desafíos constantes que amenazan la vida de millones de personas.
En las últimas décadas, las condiciones climáticas extremas en el Sahel se han intensificado debido al cambio climático. La disminución de la disponibilidad de agua y tierras fértiles ha tenido un impacto devastador en las comunidades pastoras y agropastoras de la región, que dependen del comportamiento del clima para su subsistencia. La escasez de recursos naturales ha llevado a la pérdida de ganado, cosechas fallidas y una creciente inseguridad alimentaria y económica. Este ciclo de pobreza y vulnerabilidad ha provocado un desplazamiento masivo de personas, agravando aún más la crisis humanitaria.
Tener más herramientas frente a desastres climáticos
Por todo ello, desde ONG Rescate trabajamos activamente en esta región, estando nuestras acciones enfocadas en el apoyo sostenible, el medioambiente y el género. Nuestras intervenciones incluyen la rehabilitación de tierras degradadas, la gestión sostenible del agua y el fortalecimiento de la resiliencia de las comunidades locales frente a los desastres climáticos.
A través de la capacitación y la introducción de técnicas agrícolas adaptadas al clima árido, estas comunidades a recuperan su autosuficiencia y mejoran sus medios de vida, contribuyendo así a mitigar los efectos de la sequía y la desertificación en la región. Además, fomentamos la participación de las mujeres en estos programas, reconociendo su papel fundamental en la gestión de los recursos naturales y en la sostenibilidad de sus comunidades.
El trabajo de ONG Rescate en el Sahel no solo busca mitigar los efectos inmediatos de la sequía y la desertificación, sino también construir un futuro más resiliente para las generaciones venideras. Al rehabilitar tierras y gestionar los recursos hídricos de manera sostenible, estamos sentando las bases para un desarrollo económico y social que respete y proteja el medioambiente.



