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En persona con Cristina Bermejo: “Las comunidades locales deben liderar su propio desarrollo”

Cristina Bermejo es madrileña, licenciada en Geografía e Historia y doctoranda en Estudios Internacionales del Mediterráneo. Comenzó su trayectoria en Cooperación Internacional hace 32 años y ha vivido en distintos países de Oriente Medio, tanto como cooperante como oficial de Programas del PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo). Es madre de familia numerosa y una firme defensora de su profesión.

Llegó a ONG Rescate hace tres décadas para poner en marcha el área de Cooperación Internacional. Desde entonces, ha desarrollado su carrera en una entidad que hoy gestiona proyectos de acogida en España y programas de Cooperación en Palestina, Jordania, Siria, Líbano, Etiopía, Mali, Níger y Ucrania. Inició su recorrido como directora de Cooperación Internacional, fue directora general entre 2015 y 2022 y actualmente ocupa el cargo de directora de Programas.

El contexto global actual está marcado por el mayor número de conflictos activos desde la Segunda Guerra Mundial y por un crecimiento constante de personas refugiadas y desplazadas. Ante esta realidad, Bermejo subraya la necesidad de una Cooperación Internacional comprometida, eficaz y basada en alianzas sólidas, que sitúe a las comunidades beneficiarias en el centro como protagonistas reales del cambio.

Pregunta: ONG Rescate cumple 30 años trabajando en Cooperación Internacional y tú has estado prácticamente desde el inicio. Si miras atrás, ¿cuáles dirías que han sido los principales logros de la organización?

Respuesta: Los resumiría en el impacto de nuestros proyectos y en el enfoque integral con el que trabajamos. Cuando llegamos a un país, lo hacemos para quedarnos y apoyar desde todos los ámbitos posibles: necesidades básicas, atención psicosocial, educación, economía, medioambiente. En lugares como Etiopía o Líbano llevamos más de 25 años trabajando de forma ininterrumpida, incluso en contextos de guerra y crisis constantes, siempre con la mirada puesta en el desarrollo sostenible.

Recuerdo especialmente el trabajo en los Balcanes. Pudimos acompañar desde la emergencia hasta la rehabilitación, reconstrucción y retorno de las personas desplazadas. Sentimos que contribuimos de forma real a una paz duradera tras más de 12 años de trabajo, lo que culminó con el Premio Ciudadanos del Parlamento Europeo como reconocimiento a esa labor.

P: ¿Cómo ha cambiado la Cooperación Internacional en estas tres décadas?

R: Hemos pasado de un modelo paternalista a uno más inclusivo, basado en alianzas con actores locales, nacionales e internacionales y en una mejor coordinación. Hoy se planifica de forma más estratégica, por países y sectores, incorporando enfoques transversales como la igualdad de género y el respeto al medioambiente.

Se fomenta el liderazgo local, el empoderamiento de mujeres y niñas y modelos participativos de buen gobierno, donde las comunidades se apropian de los proyectos. En definitiva, se ha evolucionado del modelo de “caridad” al de desarrollo sostenible, con comunidades dueñas de su propio futuro.

También ha cambiado la financiación, con nuevos actores como empresas privadas y fundaciones, además de instrumentos plurianuales que permiten planificar a largo plazo y aumentar el impacto.

P: ¿Qué papel juegan las alianzas en este proceso?

R: Han sido clave. Llevamos más de 25 años trabajando con asociaciones locales con las que hemos analizado contextos, escuchado a las personas más vulnerables y construido soluciones conjuntas, incluso en zonas de difícil acceso. Hemos colaborado con gobiernos locales, universidades, empresas, cooperativas y organizaciones de la sociedad civil, aunando esfuerzos.

Además, hemos apostado por modelos innovadores, especialmente tecnológicos, a través de alianzas con empresas que han aportado conocimiento para mejorar la vida de miles de personas.

P: ¿Cuáles han sido los aprendizajes más importantes?

R: El principal es que las soluciones deben surgir de las propias comunidades. Solo así responden a necesidades reales y son sostenibles. Los contextos son cada vez más complejos y requieren respuestas integrales, flexibles y adaptables.

Otro aprendizaje clave es la necesidad de bases económicas sólidas y financiación diversificada. Los proyectos no pueden depender de una única fuente pública; la sostenibilidad institucional es fundamental para poder seguir apoyando a las personas refugiadas.

A nivel personal, he aprendido a reconocer nuestras limitaciones. No podemos llegar a todo, pero eso no debe frenar la ilusión ni el compromiso, porque de ese trabajo dependen condiciones de vida más dignas para muchas personas.

«Las soluciones tienen que venir de las propias comunidades; solo así responden a necesidades reales y son sostenibles en el tiempo»

P: ¿Por qué es tan importante que las comunidades se apropien de los proyectos?

R: Es esencial para que los cambios sean reales y duraderos. Las comunidades deben liderar los procesos, fortalecer sus capacidades y trabajar desde la transparencia. Hay que garantizar la viabilidad económica y el respeto ambiental.

En zonas de conflicto, además, es crucial trabajar la resolución y prevención de conflictos. Sentarse, negociar y construir objetivos comunes —reconstruir escuelas, hospitales, proyectos agrícolas o iniciativas económicas— permite recuperar la convivencia y avanzar hacia la paz, más allá de ideologías o diferencias étnicas o religiosas.

P: Si hoy diseñaras un proyecto desde cero, ¿qué aspectos serían imprescindibles?

R: Las crisis actuales son multidimensionales y exigen respuestas sistémicas. Incorporaría medidas innovadoras en energías renovables, ya que los retos ambientales son cada vez más críticos y muchas veces generan conflictos por el acceso a recursos.

Trabajaría especialmente la reducción de desigualdades, no solo de género, sino también en el ámbito de la digitalización. Además, con más de 123 millones de personas refugiadas y desplazadas según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), sería fundamental integrar acciones de construcción de paz y promoción de los Derechos Humanos en todos los proyectos.

También definiría con mayor precisión el papel de cada actor y reforzaría los mecanismos de participación y coordinación, en un mundo donde cada vez intervienen más agentes.

P: ¿Qué papel debe jugar una ONG como Rescate en este contexto global tan complejo?

R: Un papel discreto pero sólido. Rescate ha demostrado que puede trabajar en grandes crisis junto a sus aliados locales, desde la constancia y el trabajo de base, logrando resultados sostenibles. Seguiremos acompañando a las comunidades y afrontando los retos necesarios para cumplir nuestra Misión.

P: A nivel personal, ¿qué te ha mantenido vinculada a la organización tantos años?

R: Me siento orgullosa de haber formado parte de una organización con más de 60 años de trayectoria apoyando a personas refugiadas y desplazadas, y de haber contribuido a que siga adelante pese a las dificultades económicas.

Hemos tenido que transformar crisis en oportunidades y contar con el apoyo de personas extraordinarias. Haber participado en la construcción de la identidad de Rescate y haber superado retos que parecían imposibles ha sido profundamente gratificante.

Siempre recuerdo dos frases de Albert Einstein, fundador del International Rescue Committee, del que surge ONG Rescate: “En medio de la dificultad reside la oportunidad” y “Solo una vida vivida para los demás merece la pena”. Rescate me ha permitido vivir ambas.

P: ¿Qué sueño te gustaría ver cumplido en la Cooperación Internacional?

R: Me gustaría que Rescate fuera parte activa de procesos de construcción de paz en zonas de conflicto prolongado donde ya trabajamos. Tras tantos años de experiencia, estoy convencida de que lo que toda persona desea profundamente es vivir en paz. Solo desde una paz real y sostenible puede construirse un desarrollo verdadero, que es, en esencia, el sentido último de la Cooperación Internacional.

Publicado el: enero 26, 2026

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